14/11/2016
Se nota que teníamos ganas de
llegar al instituto, nos despertamos en cuanto mamá Paula y papá Jaime nos
llamaron. Hoy era el día esperado.
En la furgoneta no parábamos de
hablar: de la presentación y de como tendríamos que colocarnos en el salón de
actos. ¡PUUUF! ¡ESO ERA INMENSO! No paraba de entrar gente y gente. Nosotros
muertos de la vergüenza, respiramos, cogimos el micrófono y como buenos
estudiantes de italiano que somos dijimos como nos llamábamos. Nada más
terminar cada uno nos fuimos a nuestras respectivas clases del módulo de
peluquería y del módulo de electricidad.
Cuando entramos a las clases
estaban todos callados, tan callados que se podría escuchar el zumbido de una
mosca. Otra vez allí nos hicieron presentarnos uno a uno. Nos miraban extraño,
éramos los “guiris” de ese centro. Los profesores nos trataron muy bien al
igual que los compañeros.
En el taller de peluquería:
Nada más entrar, nos dieron
nuestro material y nos hicieron cambiarnos en un cuarto. Empezamos las clases y
nos hicieron hacer una cabeza de bigoudies, secador de mano liso y rizado y una
cabeza de rulos.
En el módulo de electricidad:
Igual que en el módulo de
peluquería Rubén se tuvo que presentar. Le sorprendió la disciplina en el aula.
Tuvo que hacer una plano de un circuito y después tuvo que montarlo.
Cenamos, nos duchamos y nos
fuimos a dormir como lirones pensando… mañana será otro día.
Muy bien chicos, día completado. Vais a poner de moda de nuevo la permanente richy con tanto bigudi jajaja... Y el chispas que los dejé locos montando circuitos de F1 jajaja...besitos para todos.
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